Casi la mitad de las personas en la tierra creen en la reencarnación, una enseñanza según la cual el alma nunca muere, sino que renace continuamente en un cuerpo distinto con cada generación sucesiva. Sin embargo, esta enseñanza es contraria a las Escrituras. La Biblia dice que, después de la muerte, la persona: vuelve al polvo (Salmo 104:29), no sabe nada (Eclesiastés 9:5), no posee facultades mentales (Salmo 146:4), no tiene que ver con nada de lo que se hace en la tierra (Eclesiastés 9:6), no vive (2 Reyes 20:1), espera en la tumba (Job 17:13) y no permanece (Job 14:1,2). Como aprendimos en las preguntas 11 y 12, Satanás inventó la enseñanza de que los muertos están vivos. La reencarnación, la canalización, la comunicación con los espíritus, el culto a los espíritus y el «alma que no muere» son todos inventos de Satanás, con un solo fin: convencer a la gente de que, cuando uno muere, no está realmente muerto. Cuando las personas creen que los muertos están vivos, los espíritus malignos que obran milagros (Apocalipsis 16:14), haciéndose pasar por espíritus de los muertos, podrán engañarlas y desviarlas prácticamente el cien por ciento de las veces (Mateo 24:24).