El Señor le dijo a Moisés que construyera un santuario, un edificio especial que serviría de morada para el Dios del cielo. Era una elegante estructura tipo tienda, de tablas verticales colocadas en bases de plata y recubiertas de oro, con dos habitaciones: el Lugar Santo y el Lugar Santísimo, separadas por un grueso velo. El atrio que lo rodeaba estaba cercado con lino fino sobre 60 columnas de bronce.