Dios, por medio de su Espíritu Santo, trae luz (Juan 1:9) y convicción (Juan 16:8) a cada persona. La regla bíblica es que cuando el Espíritu Santo nos trae nueva luz o convicción de pecado, debemos actuar de inmediato — obedecer sin demora. La Biblia compara la senda de los justos con un sol resplandeciente que brilla cada vez más hasta el día perfecto, y el camino de los impíos con las tinieblas (Proverbios 4:18,19). Jesús nos llama a andar mientras tenemos la luz, para que las tinieblas no nos alcancen (Juan 12:35). Si andamos en la luz, Dios sigue dándonos luz; si nos negamos, aun la luz que teníamos se apaga y quedamos en tinieblas.