El bautismo simboliza tres componentes importantes en la vida de quien ha aceptado a Cristo: (1) muerte al pecado, (2) nacimiento a una nueva vida en Cristo y (3) un matrimonio espiritual con Jesús por la eternidad. Esta unión espiritual se hará más fuerte y más dulce con el tiempo, mientras permanezcamos en el amor.
Dios sella nuestro matrimonio espiritual. Para sellar tu matrimonio espiritual con Jesús por la eternidad, Dios ha prometido nunca abandonarte (Salmo 55:22; Mateo 28:20; Hebreos 13:5), cuidarte en la enfermedad y en la salud (Salmo 41:3; Isaías 41:10) y proveer para toda necesidad que pudiera surgir en tu vida (Mateo 6:25–34). Así como lo recibiste por la fe, sigue confiando en Él para toda necesidad futura, y nunca te fallará.